LA APRECIACIÓN ESTÉTICA DE UN LOGOTIPO

Que quede claro desde un principio que la esencia estética es un factor irrenunciable en un logotipo. Sin embargo, no todo el potencial de un buen logotipo debe reducirse a una mera exaltación en este sentido. El peligro principal radica en la posible vacuidad del producto así concebido. Pura forma y pura apariencia. El mundo del diseño no está inmunizado contra la amenaza del inexorable kitch1 que subyace en tantos ámbitos del consumo de nuestra sociedad. La forma por la forma parece imponerse por doquier.

logotipos

FORMA Y FUNCIÓN

La esencia del buen diseño es que la forma y la función estén en simbiosis. La una no puede aguantarse sin la otra. La función es el factor básico en torno al cual debe de gravitar la estética, hasta el punto de favorecer la función. Forma y función forman un binomio irreductible en diseño. La forma o estética deben de resaltar la función y viceversa. Un logotipo no se concibe a base de inspiración. Inspiración mal entendida puesto que Picasso afirmaba que «La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando». Esto quiere decir que siempre es el resultado de un proceso y un método; de una sistemática. La razón y el subconsciente dándose la mano para una única finalidad: la creación.

 

LA TIPOGRAFIA, ESENCIA DEL LOGOTIPO

Para el público no especializado existe mucha confusión en torno a los términos asociados al mundo de las marcas: logo, logotipo, isotipo, imagotipo, etc., etc., Stricto sensu, un logotipo es una palabra formada por letras, por tipos. Una palabra que evoca a una empresa o un producto. ¡Qué lástima que muchos diseñadores no empiecen su búsqueda en este contexto de lo textual! Esto no invalida que una imagen vale más que mil palabras, pero no descarta el poder evocativo de la palabra, del texto escrito. La forma de los tipos irradia ciertas connotaciones en el sentido de la función. Aquí, la elegancia de una letra con serifa y astas contrastadas o una letra de fantasía.

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TIPOGRAFIA Y PUBLICIDAD. LOS ORÍGENES

A lo largo del siglo XIX y relacionado con la incipiente revolución industrial, surgió la necesidad de comunicar y publicitar productos y servicios. Son muchas las tipografías que surgen en este momento, pero hoy quiero centrarme en uno en concreto: las egipcias. Diseñadas por Robert Thorne en Gran Bretaña, esta tipografía constaba de letras con gruesas serifas en su base.  Es un tipo de letras pensadas para textos cortos, carteles, titulares, anuncios, etc. Un texto para “gritar” al público las bondades de los productos y los servicios publicitados. Es una Tipografía gruesa y pesada que, a lo largo del tiempo, adoptó muchas y curiosas formas de configurarse para la publicidad.

Otro gran hito tipográfico del siglo XIX fue la aparición de las primeras tipografías sans serif o de palo seco. Estas tipografías tuvieron un gran desarrollo a lo largo del siglo XX. Cabe destacar la tipografía que diseño William Caslon IV, una tipografía sólo en mayúsculas o capitales. Este tipo de tipografías fueron denominadas “grotescas” en Europa, y “góticas” en Estados Unidos. Se trata de una sans serif con trazos de igual grosor y con una marcada geometrización. Las letras O, por ejemplo, son círculos perfectos. Las tipografías sans serif o de palo seco se empezaron a utilizar en diferentes ámbitos como fuente de estética sencilla que funcionaba muy bien en periódicos, anuncios o carteles. Eran muy legibles y muy apropiadas para frases cortas como las utilizadas en publicidad.

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  1. Kitsch. Estética del mal gusto
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