La ambición

LA AMBICIÓN

¿Qué supone tener ambición?

La ambición, en muchos casos, supone el motivo principal para denostar (denigrar, atacar, insultar, etc.) a las personas que afirman tenerla. Así, son frecuentes los comentarios despectivos como “es un ambicioso”; “su ambición no tiene fin”; “la ambición lo ciega”; etc.

Para empezar, te digo que el término ambición no tiene por qué ser negativo; muy al contrario puede ser altamente positivo e incluso necesario para aquellas personas que pretenden lograr alguno cosa positiva de la vida.

¿De qué hablamos cuando hablamos de ambición? Hablamos de ambición cuando nos referimos a todas las acciones, pensamientos y emociones que tenemos para crecer profesionalmente o como personas. La ambición puede ser una fuerza positiva que nos impulsa hacia nuestras metas. Puede ser la energía que acciona nuestra motivación por conseguir algo. La ambición, por tanto, está ligada a conseguir o lograr tus metas.

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LA ETIMOLOGÍA DE AMBICIÓN

Pero, atengámonos a su sentido etimológico (origen y sentido de las palabras: La palabra ambición procede del latín ambitio, ambitionis, que originariamente significaba rodeo o merodeo , acción de ir por uno y otro lado, como acechando a una posible presa, y enseguida se aplicó al ajetreo y merodeo de quien va buscando o pretendiendo algo, especialmente en política o en los negocios y profesiones.

Por lo tanto, queda claro que inicialmente el sentido del término ambición no tiene por que ser negativo, como no lo son muchas de las situaciones en las que lo podemos utilizar. Su sentido más profundo nos habla del esfuerzo inteligente que hacemos para conseguir algo.

La codicia

LA AVARÍCIA Y LA CODÍCIA

El sentido negativo es apropiado para situaciones que, más que ambición, lo que muestran es avaricia o codicia, los términos con que frecuentemente se confunde a la ambición. La avaricia y la codícia sí que son intrínsecamente negativas; no hay vuelta de hoja.

Así, la avaricia, segun la RAE, es un afán desmedido de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas; y atesorar tiene una connotación pasiva, como de amontonamiento o no fluir de las riquezas para generar un beneficio mayor o prestar un servicio. La codícia tiene un significado muy parecido a la avarícia puesto que según la RAE es el deseo vehemente de poseer muchas cosas, especialmente riquezas o bienes. Sin embargo, la codicia, aunque en casos muy limitados, también puede emplearse en un sentido relativamente positivo cuando se utiliza como sinónimo de ambición. En todo caso, la connotación moral de codicia casi siempre suele ser negativa, a diferencia de la ambición.

EL DESEO INTENSO

La ambición, siempre según el RAE, la podemos definir como el deseo intenso y vehemente (que se manifiesta con ímpetu, viveza o pasión) de conseguir una cosa difícil de lograr, especialmente riqueza, poder o fama, pero no exclusivamente, por supuesto. Su origen etimológico la situa en los contextos de caza colectiva; por lo tanto, en un contexto altamente positivo. Es el devenir de los tiempos el que ha teñido de una cierta pátina negativa el término, al utilizarlo como un sinónimo recurrente de codicia o avarícia.

Yo te digo que la ambición es absolutamente necesaria para vivir dignamente, para crecer en todos los sentidos y para lograr tus sueños. ¿Qué queda de nosostros sin nuestrso sueños? Meros autómatas que actúan al compás de lo que quieren otros; personas grises que se funden en la masa de las personas sin rumbo alguno.

La ambición

SE AMBICIOSO/A Y CONQUISTA TUS METAS

Te invito a ser ambicioso/a con tu vida. Piensa en grande, sueña en grande y actúa en grande. Y ¿sabes una cosa? Sin ambición no es posible. Sería como querer mantener una vela encendida dentro de una campana de cristal sin oxígeno. Pues bien, la ambición es este oxígeno que te ayuda e encender la pasión por desear avanzar y crecer en la vida, apuntando hacia metas elevadas.

La humanidad viene de una larguísima historia de conformismo de las masas; de submisión a la voluntad de unos pocos. Pues bien, la ambición ha actuado también de fuerza de cambio en muchos momentos de la historia. Si actualmente disfrutamos de derechos y bienestar es gracias a la ambición colectiva ejercida con vehemencia en otros momentos del pasado.

LOS FRUTOS DE LA AMBICIÓN

Los electrodomésticos de los que disfrutas; los medicamentos que te ayudan en tus dolencias; los avances tecnológicos y científicos; los avances en derechos humanos, y podría continuar con una lista interminable, son consecuencia de la ambición de alguien que en su día apostó por ello. Cuando nuestro equipo de futbol hace un buen partido, decimos (o dicen los expertos) que ha sido ambicioso. Cuando logras algo importante, has sido ambicioso/a.

Tal vez, me dirás: el problema está en el límite de lo que es razonable desear. Es posible que, en ocasiones, ambiciones demasiadas cosas a la vez. Bien, el problema no es de ambición; el problema es de gestión de lo que consideras prioritario. Cree posible, primero, lo que para ti sea más importante, y deja que el tiempo se ocupe de hacer una cosa a la vez. Un poco, es aquello de “Vísteme despacio que tengo prisa” Pero, atención, esto no quiere decir que que no puedas tener todo lo que te propongas tener.

La ambición

LA FALSA PRUDENCIA

¡Cuidado con la falsa prudencia! Tu ego puede que te lance mensajes en el sentido de que no es bueno ambicionar demasiado en virtud de no se sabe bien que normas morales. Puedes y debes desear todo cuanto quieras. Los únicos límites debes de imponerlos tú en función de lo que diga tu corazón, no la sociedad, la família, el gobierno, etc. No te limites, no contemples tu vida con una lente de alejamiento sino de aumento.

Sin ambición no hay celebración. Si no te comprometes con ambición a lograr tus metas, a luchar por tus objetivos, languidecerás de aburrimiento antes de lo que imaginas porque ninguna fuerza, ningúna inspiración te permitirá moverte en la dirección de tus sueños.

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